LÓPEZ SIMÓN RECUPERA SU SITIO Y TALAVANTE FIRMA UNA GRAN OBRA (DE UNA OREJA, PERO PREMIADA CON DOS)

La plaza se llenaba en este viernes para ver la segunda corrida de Cuvillo, muy parecida a la primera: una corrida que se dejó pero a la que le faltó fuerza y casta (aún así, buen San Isidro de Núñez del Cuvillo).
El aliciente de ver a Talavante (que sustituía a Ureña) parecía vencer a la lluvia, que se desató en forma de tormenta en el cuarto.
En el segundo toro, Alejandro Talavante cuajó una gran obra de principio a fin. La empezó muy parecido a la del día 16, por abajo y rematada con un cambio de mano (esta vez sin ningún pase mirando al tendido) y dio muy buenas series con la derecha, estéticas y una de ellas rematada con su ya clásico cambio de mano por la espalda ligado con el natural eterno. Sin embargo, pocos más serán los momentos que no se olvidarán de su faena, por lo que las dos orejas se me antojan excesivas. Es verdad que también dejó algún natural muy bueno, pero, en mi opinión, no logró la rotundidad de la faena de ayer del Juli, que perdió la Puerta Grande con la espada. El presidente dio demasiado rápido la primera oreja y el público pidió la segunda, en una faena del mismo nivel que la de la semana pasada (para mí, era una oreja de peso).

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López Simón volvió a reencontrarse con su toreo, ese que le llevó a abrir la Puerta Grande de Las Ventas en tres ocasiones en una misma temporada (2015), y que hoy le hizo abrirla por quinta vez en su carrera. López Simón, Talavante y Perera ya son los toreros en activo con más Puertas Grandes en Madrid tras José Tomás (ahora bien, hay que ver el peso de cada Puerta Grande).
Está claro que tiene su mérito, aunque las ha conseguido más por la épica que por su toreo (también válida en esto).
En el tercero de la tarde hizo una buena faena, de valor, resultando volteado y pisoteado por el toro. Se tiró entre los pitones del toro a matar a morir al segundo intento (tras pinchar recibiendo) y esa estocada, vale por sí sola la oreja. La única disculpa sería que fue al segundo intento.

Él dijo aquella frase «cuando un animal te está entregando su vida, tu también debes dar la tuya», y ayer salió con ese planteamiento desde el primer momento.

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En el sexto, con el ruedo hecho una piscina, salió a abrir la Puerta Grande y ligó muy bien las series. Tras dejar una estocada efectiva, cortó la oreja, mucho más justa que la de su primer toro, pero que le valió la Puerta Grande.
Juan Bautista pasó una vez más inédito. Solo hay que destacar de su labor su buen estar en medio del diluvio con el cuarto.

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En resumen, una buena tarde de toros (condicionada en la segunda mitad por la intensa lluvia), en la que se cortaron cuatro orejas que debieron ser dos, o a lo sumo, tres, por lo que la doble Puerta Grande es un tanto engañosa, pero lo de menos aquí son las orejas: lo que vale son las sensaciones.IMG_20180526_132643

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