LAS PRISAS NO SON BUENAS

Con un ambiente enrarecido tras no superar el primer reconocimiento los TORAZOS de Palha, se lidió un desafío «santacolomeño» entre Pallarés y Hoyo de la Gitana, que sustituía a los de la divisa portuguesa, rechazados por motivos que desconozco. Se habló de falta de trapío, pero tras ver en fotos los toros de Palha y los que hoy salieron al ruedo de Hoyo de la Gitana, tengo bien claro cuales tenían más trapío y más caja.
Con un aspecto «avacado», los de Hoyo de la Gitana demostraron que no tenían toros para Madrid, pero a la empresa no le quedó otra que traerlos deprisa y corriendo para subsanar (o al menos intentarlo) ese problema surgido a última hora.
No solo venían más que justos de presentación, es que no dieron la más mínima opción, de hecho el primero de Javier Cortés, se echó antes de entrar a matar. Imagen muy negativa de este espectáculo.
Tampoco es que los de Pallarés fuesen nada de otro mundo, pero al compararlos con los de Hoyo de la Gitana, salieron victoriosos, y el público, sorprendente los aplaudió más en el arrastre que de salida, cuando en lo que destacaron (estos sí) fue en su excelente presentación.

Sánchez Vara volvió a Madrid tras dar muerte al mítico Cazarrata de Saltillo en 2016, y lo hizo con ganas. Se fue a «portagayola» en el primero de la tarde y estuvo dispuesto con la muleta, dejando series ligadas (fuera de sitio, eso sí) ante un animal que se movió, pero de una forma sosa, estando por encima el torero. Un trincherazo en su trasteo fue de cartel. Con el de Hoyo, al igual que el resto de sus compañeros, no tuvo opción ninguna, por eso solo comentaré los toros de Pallarés, que fue en los que pasó algo reseñable.

Javier Cortés mostró como siempre su gran pureza y verdad, dando el pecho y la femoral, con un Pallarés que soltaba el tornillazo al final del muletazo, pasando un feo trance el diestro de Getafe prendido sobre el pitón del toro. Saludó una merecida ovación.

Tomás Dufau fue el único en «tocar pelo» esta tarde, que resultó un tanto decepcionante. Con sentido de la estética toreo a un Pallarés que embestía al ralentí, aunque en ocasiones de forma descompuesta y sin acabar de humillar. A destacar, que usó mucho y bien la mano izquierda para dar templados naturales. Tras una estocada en la que quedó prendido de la taleguilla, se le otorgó una oreja ligeramente protestada, en la que dicha estocada influyó mucho.

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