UNA ENCERRONA, NO TAN HISTÓRICA

Diego Ventura se encerraba con seis toros de tres ganaderías (Ángel Sánchez y Sánchez, Miura y Guiomar Cortés de Moura) pertenecientes a dos encastes distintos.
Sin embargo, los toros dieron muy pocas opciones a excepción del «cierraplaza» de la divisa portuguesa, premiado con la vuelta al ruedo, y la encerrona se saldó «solo» con tres orejas (pocas para ser rejones y torear Ventura) de poco peso.

Tras mostrar todos los caballos que trajo y recoger una gran ovación, salió el primer toro de la tarde, de Ángel Sánchez y Sánchez. Diego Ventura mostró facilidad pero el astado transmitía muy poquito, a pesar que Diego siempre le dio el pecho. Tras errar con el rejón, el presidente hizo bien en aguantar y no dar la oreja.

En el segundo capítulo salía un Miura, algo muy poco típico en rejones. Sorprendente su poco peso, para lo que suelen pesar estos animales (494 kilos). Lo recibió con la garrocha a «porta gayola», pero el toro no se movió prácticamente y no dio opción ninguna. Por ello lo tuvo que poner todo Ventura en una excelente doma, pero más propia de un espectáculo ecuestre que de una corrida de toros, en la que hay que torear. Aún así, al público le fascinó a tenor de sus reacciones. Solo con Nazarí logró templar.

En el tercero, el primero de Guiomar Cortés de Moura, la tarde seguía sin tomar vuelo y nos hacía recordar a otras encerronas pero de toreros de a pie que no fueron cómo se esperaba, y Diego comenzaba a desesperarse.

Se cambió la chaquetilla y compartió escenario con Munera en el cuarto, buen gesto. Se le notó a este la inexperiencia, pero aún así dejó un gran par con el que conectó con el público. El toro no se prestó a torear por colleras, pero el gesto de Ventura ahí está.

El quinto, segundo Miura tuvo mucha más emoción, y sobre lomos de Nazarí volvió a templar. El público pidió con fuerza la oreja, porque querían ver a DV a hombros y al presidente no le quedó otra que darla.

Tras una tarde un tanto decepcionante, por fin en el sexto, el mejor rejoneador del momento pudo demostrar porqué lo es. Se lució con Sueño, volviendo a realizar una gran faena sobre este caballo a un Guiomar Cortés de Moura, como aquella en San Isidro 2016 que habría sido de rabo de no pinchar. Sueño puso a la plaza en pie en su vuelta a los ruedos, una grata sorpresa, porque este caballo es distinto, en especial, cuando quiebra andando hacia atrás en una baldosa. Con Dólar puso su clásico par a dos manos sin cabezada, pero el rejón le cayó en la paletilla. Aún así, le dieron las dos orejas, muestra de que el rigor no es el mismo que a pie.

Por último, hay que decir que ayer no sacaron las tablillas anunciando el nombre del caballo en cuestión, lo cual es un error, porque esos detalles hay que cuidarlos en un día tan especial y más cuando Ventura traía novedades en su excelente cuadra. Siempre sacas esos carteles, por eso me extrañó que justamente ayer, no lo hiciese.

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