SE ESPERABA ALGO MÁS

Por fin, casi medio año después, volvíamos a sentarnos en la piedra de Las Ventas para ver un festejo taurino.
Se anunciaba una novillada de Fuente Ymbro, en la primera de las seis comparecencias que tendrá esta ganadería a lo largo de la temporada madrileña. Una barbaridad.

Abrió la temporada un novillo justísimo de fuerzas que imposibilitó el lucimiento de Rafael González. Quizás en otro contexto, en medio de una feria en vez de abriendo temporada, este novillo podría haber sido devuelto.
No obstante, Rafael González no tuvo su tarde. Estuvo por debajo de sus compañeros y solo dejó algún apunte con el capote.
El cuarto le tocó las telas muchísimas veces, llegando a desarmarle, por lo que la faena no cogió vuelo.

Ángel Téllez se despedía de Madrid como novillero. La próxima vez que pise este ruedo será para confirmar su alternativa en plena feria de San Isidro y, se le notó ese oficio que ya va adquiriendo.
En mi opinión, lo mejor de la tarde fueron sus dos series al natural al primero de su lote. Naturales profundos, de mano baja y una de sus series a pues juntos. Se gustó en todo momento y siempre buscó la colocación, pero el novillo fue a menos y bajó de tono la faena. Una pena.
El quinto (como la mayoría de la corrida) no acabó de humillar y su actuación no caló en los tendidos.

Francisco De Manuel se llevó la única oreja de la tarde de modo muy cuestionable.
En banderillas mostró disposición pero no estuvo acertado al clavar, lo que a posteriori, le llevaría a no poner banderillas en el sexto tras escuchar las protestas del público por este tercio. Esto nos permitió ver un gran tercio de banderillas, en el que destacó (¡cómo no!) el par de Fernando Sánchez.
Su faena al tercero tuvo ceñimiento y hondura, pero también falta de temple, algo propio en un novillero. Al igual que pasó en el toro anterior, la faena bajó de nuevo en intensidad, quizás, porque a ninguno de los astados le sobraron las fuerzas. Mató de estocada entera, que no tuvo un efecto fulminante como el novillero pensaba y, cuando parecía que se iba a arrastrar al novillo, apareció el pañuelo blanco tras un tiempo en el que las mulillas estuvieron paradas delante del novillo. No puede ser que se condicione así al presidente. Dicho esto, es cierto que había una petición mayoritaria y el reglamento es el que es.

En sexto lugar le salió un novillo manso, que se dolió en banderillas, pero que fue pronto y encastado, señas de identidad de la ganadería de Ricardo Gallardo. Su movilidad invitaba a cortarle oreja y así abrir la Puerta Grande, pero ante ese galope que llevaba el novillo, faltó mando y, después de varios enganchones, fue imposible hacer ya faena. El novillo sabía lo que se dejaba atrás.

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