LA FERIA DE AGUADO – RESUMEN DE LA FERIA DE ABRIL

Entre tanto toreo noria, entre tantos detalles para la galería y entre tanta euforia desmedida en el coso del Baratillo, llegó ya al final de la feria un torero de la tierra, un sevillano de arte, que ha venido a darle el relevo a Morante y a superarle. Veremos si lo consigue, pero mal no ha empezado Pablo Aguado. Cuatro orejas, cuatro. Quizás las dos del sexto discutibles, pero la inercia de la extraordinaria tarde provocó esa petición.
No le pesó la presión con Morante y Roca al lado, rivalizando en quites con ambos, bordando el toreo con capote y muleta, y tirándose en el morrillo del toro al entrar a matar. Estuvo cumbre, paró el tiempo y dejó pasajes artísticos en los remates de serie con cambios de mano y trincherazos, toreando erguido, clásico y puro, a diferencia de otros.
Aguado, De Justo y Morante, destacaron por este palo, los dos últimos sin la rotundidad del primero, pero dejando muy buenas sensaciones.
De Emilio no me esperaba menos, pero es que a Morante le vi con más ganas que nunca. Este año está inspirado y bordó el toreo a la verónica con los «garcigrandes», pero es que con la de Jandilla realizó incluso el galleo del bú, emulando a Joselito «El Gallo». Era consciente de que Aguado le estaba quitando el cetro del toreo sevillano, del toreo de arte, y no quiso quedarte atrás. Incluso se puso de rodillas con la muleta. Con esta actitud, sí me gusta el de La Puebla.

Más me preocupa que en Sevilla, llegase tanto como esto el toreo noria, peonza, o como lo quieran llamar.
A Galdós se le fue un lote de Puerta del Príncipe de Torrestrella, toreando con la pierna retrasada, encorvado y sin cargar la suerte. Aún así se le ovacionó.
El Juli y Roca Rey siguieron los días siguientes con este tipo de toreo, aunque lo mejor lo realizaron al natural, pero La Maestranza, no se enteró de eso.
Un natural encajado de riñones en círculo del Juli fue eterno y Roca Rey dió unos ayudados sometiendo muchísimo a un gran «Encendido» que cerró la que hasta entonces era una mala corrida de Cuvillo. La petición de rabo fue sonrojante para una plaza como La Maestranza, así como la Puerta del Príncipe del día anterior del Juli, tras cortar una oreja a su primero con un pinchazo de julipié y julipié entero. Las dos de su segundo si fueron de ley.

Estas tres ganaderías (Torrestrella, Garcigrande y Núñez del Cuvillo) que abrieron la feria pusieron el listón alto y, junto con las de Victorino, Jandilla y Fuente Ymbro, demostraron una vez más que son de las divisas que gozan de la mayor regularidad en la actualidad.
No fue malo tampoco el debut de Santiago Domecq.
Los petardos, los esperados: Juan Pedro Domecq y El Pilar. No a ese nivel, pero mala corrida (una vez más) de Miura.

Por acabar de comentar todos los detalles de la feria, hay que destacar el capote de Garrido, el temple de Álvaro Lorenzo, la ambición de Perera y Manuel Escribano, la torería de Urdiales y la raza de Cayetano, al que no le importó tanto el viento como al Juli en la mixta.
En el lado opuesto, el citado Galdós, El Cid y López Simón desaprovecharon grandes toros.
Ferrera sobreactuando y El Fandi en su línea. A mí no me gustó.
Castella pasó desapercibido y le salió mal la apuesta con los «miuras», o por lo menos, no le salió bien.
Pepe Moral no se encuentra este año y Ginés Marín sigue sin suerte.
Tampoco la tuvo en esta feria Ureña.
Manzanares tuvo una corta buena racha en Semana Santa en Arles y la propia Sevilla, pero parece habérsele acabado.
No cuajó a sus toros y hay que exigirle más, porque, en especial, en esta plaza saben que puede torear mucho mejor.
Ojalá vuelva el gran Manzanares, aunque a pesar de no estar a su mejor nivel, dejó muestras de su empaque y de que su espada sigue siendo un cañón.

Tras Sevilla, ya está aquí Madrid y, la verdad, que tengo muchas ganas de que llegue para que aquellos que gustaron al público de Sevilla ratifiquen en Madrid sus triunfos. Falta les hace. En Madrid se encontraran la exigencia, al menos, de algunos sectores de la plaza, a diferencia del beneplácito del público de La Maestranza, que se emocionó más con las norias que con el toreo puro, a excepción de la tarde de Jandilla con Morante y Pablo Aguado.

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