PUREZA Y TRAGEDIA A PARTES IGUALES: LA TAUROMAQUIA DE GONZALO CABALLERO

Gonzalo Caballero dió en la tarde de hoy una lección de pureza. Con el clasicismo y buenas formas que imprime a su toreo conectó su actuación con los tendidos de Madrid, pero una vez más resultó herido. Y resultó herido por tirarse a matar o morir como acostumbra Gonzalo, alejado de «julipies» o bajonazos infames como los de Finito hace una semana.
Dicen que el valor se va por las cornadas, pero a Gonzalo lo único que se le va es sangre. A pesar de su corta carrera es un torero muy duramente castigado por los toros, pero siempre fruto de la pureza y profesionalidad con la que sale al ruedo, sobre todo en este de Las Ventas, en el que se mueve como pez en el agua.
Tras su mala temporada del año pasado y la rajada de la gala de San Isidro, no esperaba verle anunciado en los carteles, pero no se equivocó la empresa en darle una tarde, que al final se quedó en un solo toro y las ganas de haberle visto más.

Empezó por estatutarios y, posteriormente, su faena se basó en el pitón derecho, con series encajado totalmente de riñones, estéticas, desmayado y citando siempre de frente. Buscó la colocación en todo momento, cruzándose al pitón contrario como gusta en esta plaza y dando el pecho. A pesar de que fue una faena intermitente, su actitud fue impecable.
Por el izquierdo se lo pasó muy cerca, pero no acabó de someter al toro, lo que provocó más el «¡ay!» en los tendidos que el «¡bien!» o el «¡olé!». Dejó unos circulares con la izquierda y un final por bernardinas en el que mostró de nuevo su gran valor.
Un valor que, como apunte, ha utilizado para hacer el toreo puro. Vamos a ver cómo usan otros su gran valor, por ejemplo, mañana. Todos sabéis en quién estoy pensando.
Se volcó el de Torrejón de Ardoz al entrar a matar y recibió una grave cornada. La ovación para el torero tras el arrastre del toro, cuando Caballero ya estaba en la enfermería, fue de justicia.
El miedo y la tragedia siempre están presentes en las actuaciones de este torero en Madrid.

Todo lo contrario que en las de sus compañeros de terna, a pesar de que también recibieron sustos en una accidentada tarde, pero toreo hubo poco en lo que a ellos respecta.

Más bien, destoreó un Del Álamo que desde que abrió la Puerta Grande no ha vuelto a ser el mismo.
Despegado, fuera de sitio y acelerado, mató tres toros con opciones de la divisa del Pilar sin que allí pasase nada.

Sufrió una fea volterera en el primero provocándole una lesión en los isquios que le obligó a pasar por la enfermería. Quizá, eso condicionó el resto de su actuación, pero antes de esa voltereta no estaba toreando mejor.
Tan solo se puede destacar de su actuación las verónicas al colorado «ojo de perdiz» que hizo sexto, el toro mejor presentado de la corrida, que recibió palmas en su salida y en el arrastre.

José Garrido pareció un novillero en su debut con picadores. Incapaz de dominar al lote más encastado de la divisa salmantina, solo dejó algún detalle torero suelto en los remates de las series, mediante trincherazos y pases del desdén.
Se sacó a los toros siempre hacia fuera y bajó la mano al quinto, cuando lo que pedía era la media altura por su falta de fuerzas.
Otra oportunidad más que se le va a Garrido sin que pase nada y ya lleva un lustro de alternativa.

La corrida del Pilar salió mucho mejor de lo esperado. Les faltó clase y humillación en líneas generales, pero sacaron casta y Juan Del Álamo y Garrido estuvieron por debajo de ellos.

Al comienzo de la tarde se protestó al presidente Gonzalo de Villa Parro, que hoy presidía la corrida tras la del 15 de mayo, con el regalo de Puerta Grande a Perera, que fue la gota que colmó el vaso de sus nefastas actuaciones.
La policía mandó retirar las pancartas del 7 que pedían la dimisión del usía. ¡Qué injusto!
No cesaron (ni siquiera con el primer toro ya en el ruedo) las protestas organizadas por la «Asociación el Toro de Madrid» con palmas de tango y los gritos de «¡Fuera del Palco!» que se escucharon ese día 15 y, también, en el pasado San Isidro con la Puerta Grande de Castella o la vuelta al ruedo a «Asturdero» y la no concesión de aquella oreja a Octavio Chacón.

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