GRAN TARDE DE GINÉS MARÍN Y JOSÉ MAGÁN

Enorme la actuación de Ginés Marín en el día de hoy con un buen toro de Domingo Hernández. Entipadísimo el animal, colorado, ojo de perdiz, de esos que no fallan en este hierro. A pesar de eso, parte del público pitó su presentación, quizá, condicionados por la tablilla, ya que el toro apenas superaba los 500 Kg. Sin embargo, yo cuando veo un toro con poco más de este peso, me alegro. Más movilidad tendrá. No olvidemos que el trapío no lo dan los kilos. El primer acierto del presidente de hoy, José Magán, fue aprobarlo. Igual que muchos días criticamos a los presidentes, también hay que decir cuando lo hacen bien y, para mí, hoy Magán ha estado muy bien.

A este enclasado toro de Domingo Hernández, le realizó Ginés Marín una faena excelsa sobre la mano derecha.
Fue bueno el toreo a la verónica, rematando con una media y una inspirada revolera invertida, que era justo lo que pedía el toro por la trayectoria de su viaje.
Brindó al Rey emérito.

El inicio de faena de muleta fue muy torero. Las siguientes series con la diestra tuvieron mucha ligazón, se enroscó los muletazos con gran verdad y remató una serie con un cambio de mano en redondo, marca de la casa.
En otras ocasiones las remató con trincherazos y un pase de pecho monumental, a pies juntos y mirando al tendido.
También citó con la vista en el público para dar un pase de las flores que precedió a una gran serie de derechazos desmayado.

Antes había intentado torear al natural, pero por ese pitón el toro no respondía. A partir de ese momento el toro se fue apagando y, quizá, Ginés alargó demasiado la faena, por lo que no fue una obra rotunda, como seguro lo habría sido si el toro hubiese aguantado y tuviese el mismo recorrido por ambos pitones. La oreja, de las de mucho peso.

Con el sexto de la tarde, de Garcigrande estuvo más medido en el planteamiento de su faena. De nuevo, la faena se basó en la mano derecha por la condición del toro, aunque pudo dejar algún buen natural.
La ligazón fue una constante, cargando la suerte en estéticos muletazos, con empaque, pero sin alcanzar las cotas tan altas de la faena anterior.
A destacar también como toreó sin toro, para que no hubiese tiempos muertos. A eso se le llama torería y solo la tienen unos pocos, entre ellos Ginés. Citó de frente, dando el pecho y toreó encajado de riñones, pero sin retorcerse. Gran tarde con la que se reivindica, cuando parecía que algunos ya se olvidaban de él. ¡Qué poca memoria! A este torero hay que esperarle siempre, aunque sea irregular, como tantos otros artistas.
Las bernardinas cambiadas fueron de infarto y provocaron el delirio en los tendidos, que le pidieron la oreja a pesar de pinchar en lo alto en la primera ocasión.
Estuvo muy bien José Magán, manteniendo el rigor de Las Ventas al no conceder esa oreja por pinchar, a pesar de que las mulillas (sospechosamente) no engancharon al toro hasta el tercer intento y la bronca al palco cada vez era mayor. Una vergüenza lo de los mulilleros.

La tarde la abrió Castella con un remiendo de Buenavista apagado desde que salió. Sin opciones Sebastián en este toro.
Con el cuarto, un toro feo, no se puso en ningún momento. Es cierto que el viento molestó mucho, pero molestó para todos. El toro le tocó la muleta en cada intento de pase y, además, se le fue abajo la mano con la espada. Escuchó pitos.
Lo único destacado de su tarde fue un ceñido quite con el capote a la espalda, citando con el envés del mismo, y combinando distintas suertes como la gaonera o la saltillera.

Álvaro Lorenzo ha echado una feria de San Isidro francamente mala. Tres tardes en las que no ha pasado nada y a eso hay que sumarle la de Otoño, la de junio, la del pasado San Isidro… así hasta el Domingo de Resurrección del año pasado. Demasiadas tardes sin hacer nada para alguien que debe querer abrirse camino.
Solo dejó algún apunte con el toro mal presentado que hizo de segundo, primero de su lote. Alguna pincelada con el capote, a la verónica, en el inicio de faena por bajo, genuflexo, y alguna serie bien ligada por bajo, aunque algo encorvado y al hilo, por lo que nunca conectó con los tendidos. Le comen la tostada al toledano.

Para concluir, decir que Garcigrande siempre echa algún toro con opciones.
También, cambiando de tercio (taurina expresión), que en estos días de casi lleno, viene mucho público esporádico, sobre todo en los tendidos cuatro y cinco, precisamente donde más problemas suele haber con las almohadillas. Hoy, se lanzaron en abundancia en esta zona como protesta por no poder haber contado que han visto una Puerta Grande, con el riesgo que ello implica, ya que pueden dar a alguien que esté abajo, y con el peso y la velocidad que llevan, tiene que molestar bastante un «almohadillazo».
En el 7 no hubo ese problema. Quizá, la prensa debería hablar también de estos problemas en vez de darle palos un día tras otro al 7 y a nuestra Grada Joven.

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