MUCHO POSTUREO Y POCA AFICIÓN

El rey Felipe presidía la Corrida de la Beneficencia junto a Padilla.
Una ocasión perfecta para gritar los «Viva España» y «Viva el Rey», debió pensar alguno. O muchos. Porque qué pesados se pusieron, de uno y otro lado (que también se gritó «Viva la República»), sobre todo durante el sexto toro, reventándole la faena a Diego Urdiales.
Con lo bien que estábamos ayer los aficionados de verdad… Mañana lo estaremos de nuevo.
Así lo expresó también un aficionado del 7: «luego le echáis la culpa al 7» dijo. Totalmente de acuerdo con él. El 7 y la Grada Joven están en el punto de mira del público y la prensa triunfalista, pero los que estamos casi todos los días en la plaza somos nosotros.
También hay que decir que en estos sectores se entró con cierta predisposición a la contra del Juli y se perdieron la faena que le hizo al quinto.

Con el capote estuvo muy relajado, por delantales y a la verónica. Urdiales trató de darle réplica en el turno de quites pero no lo logró.
El jabonero estuvo muy justo de fuerzas, como todos los «cuvillos» y esa es la razón por la que El Juli no le sometió más. Empezó por bajo y el toro rápido dobló las manos.
Entonces entendió que la faena debía ser a media altura. Julián dejó muletazos encajados de riñones, de perfil, eso sí, pero muy hondos. Dejó un trincherazo que fue un cartel de toros y estuvo siempre por encima del toro, al igual que en su primero, un inválido que no se explica porqué no se devolvió.
Sin embargo, ambos toros los mató con su peculiar forma: el horroroso «julipié», estando fallón además con la espada en el quinto.

Diego Urdiales dejó una faena plena de torería con el tercero de la tarde.
Un muletazo con la derecha fue cumbre, templadísimo.
Las mejores series fueron por ese pitón, aunque por el izquierdo se puso muy de verdad.
Los molinetes (normales e invertidos) fueron pinceladas de arte, así como el torero final por bajo en tiempos de bernardinas. Se agradece.
Se tiró tan de verdad a matar que la espada le cayó contraria hasta el punto de hacer guardia. Una pena. Por ese (importante) detalle perdió la oreja.
Con el que cerró plaza no pudo hacer demasiado entre tanto afán de protagonismo del público, cuando los protagonistas deben ser dos: toro y torero.

La tarde la abrió Diego Ventura. ¡Qué raro se hace ver una corrida mixta en Madrid!
Diego ha dicho alguna vez que le gustaría matar un toro en puntas algún día. Pues bien, hoy era el día para hacerlo. Pero, evidentemente, no lo hizo.
Los de los Espartales salieron mansos y Ventura tiró de su oficio y su espectacular cuadra, en la que un día destacó más «Nazarí» con su toreo a dos pistas. Lo usó en ambos toros. Sin embargo, hoy nos quedamos con las ganas de ver a «Sueño».
Sí que vimos el clásico par a dos manos sin cabezada con «Dólar» en el segundo de su lote. Clavó a la primera y fue el punto de inflexión para que Ventura cortase la única oreja de la tarde.

El subalterno «Pirri» sufrió una grave cornada de 35 centímetros. Todo por no estar atentos durante la lidia. No él, sino sus compañeros, sobre todo, el sobresaliente. El toro hacía hilo y le córneo al llegar al burladero. Parece que no aprendieron, porque en el siguiente par a punto estuvo de suceder lo mismo.

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