NOVILLEROS MUY VERDES Y NOVILLOS SIN CLASE

Si no hay novilleros, ni hay novillos, la combinación es mala, aunque a decir verdad, si hubo un novillo que dió buen juego. Fue el sexto, de Castillejo de Huebra, ya con la noche metida de lleno en la capital.

Lo toreó Dorian Cantón con su personal estilo, encorvado, en parte debido a su gran altura, pero que no es nada agradable para la vista.
Le sacó aún así una serie mandona por el pitón derecho. Fue este el único momento en el que se escucharon los olés en Las Ventas.
En el resto de series no logró rotundidad, a pesar de la buena condición del novillo. Además, falló con la espada, lo cual fue la tónica general de la terna.
Unos novilleros tan poco hechos, no deberían venir a Madrid, pero tampoco es un problema suyo, ya que necesitan un triunfo aquí para abrirse paso. Son las cosas del famoso sistema.
En el tercero de la tarde, el novillero galo había realizado un trasteo medido, lo cual hay que agradecérselo, pero muy de tiralineas.

Abrió plaza Cristian Pérez con un manso. Su lote de «murubes» no se prestó al lucimiento, pero aún así se puso pesado el novillero. El primero llevaba la cara por las nubes. Nunca humilló.
El cuarto apretó en el tercio de banderillas, pero no pudo hacer nada con él Cristian.

Al que más verde de los tres vi fue a Cristóbal Reyes, lo cual me preocupa porque si hoy no ha podido con estos novillos, no me quiero imaginar lo que va a sufrir en Villaseca el 10 de septiembre con los de Monteviejo.
Se fue a «portagayola» a recibir al primero de su lote, pero tuvo que echar cuerpo a tierra. Me dió de la sensación de que hizo la suerte demasiado pronto y por eso tuvo que tirarse.

Ganas no le faltaron durante toda la tarde, pero lo que sí le faltó fue oficio. La mejor muestra de ello fue el tercio de banderillas a este novillo. A toro pasado, con un feo salto, y clavando (cuando clavó) traserísimo.
Con la muleta estuvo más asentado, pero para colmó molestó el viento y el novillo se le coló varias veces por el pitón derecho y poco a poco fue acortando su recorrido. Ya le había avisado y al final le propinó una fea voltereta que dejó conmocionado a Cristóbal Reyes, pero volvió con pundonor al ruedo.
Se salió de la suerte de forma evidente a la hora de matar.

Al castaño quinto (qué raro se hace ver un novillo de este encaste que no sea negro) no le puso banderillas ante el esperpento anterior.
Con la muleta logró muletazos muy encajado, pero no llegó a romper la faena en ningún momento, porque perdió las telas en repetidas ocasiones.

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