INFUMABLE CORRIDA DE MARTÍN LORCA

Solo los detalles artísticos de Juan Ortega sacaron del sopor al público.
Los aficionados iban a ver esta corrida, en especial, por verle a él. Se notó desde que empezó la faena del sevillano, en la que a cada pase que daba con un mínimo de calidad, rugía Madrid. No obstante, la faena no fue de esas rotundas en las Madrid ruge al unísono porque es inevitable no levantarse del asiento. No. Fueron más las ganas que había de verle y lo que se intuyó, que lo que hizo. Y por él no faltó, pero es que no hubo toros. Una vez más, Juan Ortega sigue sin encontrarse con un toro que le ponga en el circuito de las ferias.
A pesar de todo, intentó hacer el toreo puro, natural y cargando siempre la suerte, pero donde destacó fue en los adornos. Un pase de la firma en el inicio de la faena fue francamente bueno, como también lo fue un molinete lleno de gracia y algunos trincherazos y trincherillas, pero mató mal.

En el sexto, con el aburrimiento generalizado ya instaurado en el ambiente, se agradeció que abreviase. Macheteó a otro animal sin fuerzas de Martín Lorca y entró a matar. No había necesidad de alargarlo. Eso sí, ¡qué mal mató! Se salió de la suerte en repetidas ocasiones y pinchó en todas ellas.

Robleño saludó una ovación al terminar el paseíllo, pero se estrelló con un lote sin opciones y con un presidente que no vio lo que vio el resto de la plaza. Y es que el primero de la tarde fue un inválido en toda regla, pero aunque el usía amagó varias veces con sacar el pañuelo verde, al final el que asomó fue el blanco, cambiándose así el tercio y quemando el primer cartucho de Fernando Robleño.
Robleño trató de torear con gusto y llevándose el toro detrás de cadera, pero era imposible llegar al tendido con ese oponente.
Tampoco lo consiguió en el cuarto, en otro capítulo para olvidar de esta tarde. Casi 700 kilos pesó este toro. Imposible mover esa masa.

Otro toro atacado de kilos fue el segundo. Pesaba tanto que parecía que no era capaz de sostener su propio peso en sus patas, que las dobló en repetidas ocasiones. Esta vez sí que asomó el pañuelo verde.
Sebastián Ritter decidió correr turno y saltó al ruedo el toro mejor hecho de la corrida, reseñado como quinto. Brindó a Máximo García Padrós, ya que era el toro de su reaparición de la cogida en San Isidro.

Sin embargo, no tuvo nada de recorrido, lo que imposibilitó al torero colombiano hacer una buena faena. Citó de frente, con pureza, pero como a sus compañeros, no le pudimos ver casi nada.

El quinto de la tarde fue el sobrero de Osborne. Recibió algunas protestas de salida por su aspecto avacado, a pesar de lo imponente que era.
En ningún momento humilló.
Este toro se lo brindó a Manolo Vanegas, que se encontraba en el tendido 8 y al que todos deseamos que se recupere lo máximo posible.

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