DOLORES AGUIRRE EN SU PEOR MOMENTO

Dolores Aguirre, una de las ganaderías insignia del torismo, nunca se caracterizó por la bravura de sus toros, pero sí por su casta. Ese típico toro «mansito encastado», es en el que se piensa cuando se habla de Dolores, pero que parece se ha perdido. Los de ahora son mansos, pero descastados. Lo hemos podido comprobar hasta en dos ocasiones este año en Las Ventas: una corrida en junio y la novillada de hoy. Ningún animal importante, solo un novillo con opciones. Y lo malo es cómo han sido el resto: aquerenciados y protestones. Incluso el último de la tarde se echó tres veces.

Si a esto se le suma lo poco rodados que estaban los novilleros y las pésimas lidias que se le ha dado a los novillos por parte de las cuadrillas, nos encontramos con un espectáculo indigno de la primera plaza del mundo. Más bien parecía una capea. Como sucedió en el cuarto novillo de la tarde, que derribó y allí nadie era capaz de pararlo. Capotazos y más capotazos. Y mucho miedo en las cuadrillas. Las banderillas mejor ni las comento.
Ya en la muleta Mario Sotos ligó algún pase sin decir nada, como ya le había sucedido en el primero.
Salió ese «abreplaza» abanto, como marca su sangre de Atanasio, pero a diferencia del prototipo del encaste, luego no se vino arriba. Estuvo rajado toda la lidia y Mario Sotos le consiguió hilvanar un par de series de muletazos. Fue a cambiar la ayuda después de la segunda tanda. Algunos pensábamos que iba a por el estoque y agradecíamos su medida, pero volvió a la cara del toro y le recetó varias series con la derecha sin transmisión. Por el pitón izquierdo el novillo no tenía ni un pase.

Apetecía ver la presentación de Máxime Solera en Las Ventas, ya que es un novillero que promete lucir al animal y no rehuye ninguna ganadería.
Ganas no le faltaron en toda la tarde, pero sus formas son muy vulgares.
Recibió al primero de su lote en el medio de la plaza con el capote a la espalda, recordando a Iván Fandiño.

Tras una saltillera, dejó varias gaoneras como pudo, ya que a este arriesgado recibo hay que sumarle la racha de viento que molestó en ese instante.
Con la muleta trató de bajar la mano, pero con su elevada altura da lugar a un toreo retorcido, poco estético.
Acabó con un arrimón que llegó al público turista que había hoy en la plaza. Trató de dar una vuelta al ruedo por su propia cuenta, pero los pocos aficionados se lo recriminamos y todo se quedó en una ovación.
El quinto fue el mejor novillo de la tarde. Lo saludó Solera con una larga cambiada de rodillas en los medios.
Ya en la muleta, el toro le tocó algunas veces la tela. Embestía a gran velocidad, queriéndose comer la muleta. Faltó temple, así como vaciar los muletazos.
Cuando el toro bajó su ritmo, Máxime Solera pudo crujir Madrid al natural, pero no pasaron de ser mediocres. En ningún momento cargó la suerte.
Dejó una buena estocada con la mano izquierda y dio una vuelta al ruedo con algunas protestas.

José María Hermosillo pasó de puntillas por la plaza, dando la sensación de que no estaba preparado para venir a Madrid.
Tampoco le ayudaron sus dos novillos. De hecho, el último, se echó varias veces al suelo en medio del cansino trasteo de Hermosillo. También hay que decir que al novillo se le había pegado bastante en el caballo, y lo que es peor, se le había pegado mal, como a toda la corrida.
En el tercer novillo, Hermosillo había sufrido una voltereta, en una faena en la que solo este hecho provocó que el público entrase por breves momentos en su actuación.

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