MADRID A PUNTO DE CONVERTIRSE EN UN PUEBLO

Jamás se vio tanto triunfalismo en una misma tarde en Las Ventas por parte de un exaltado público, que hoy pareció empeñarse en que Madrid, en vez de ser la capital de España y del toreo, fuese un pueblo.

Afortunadamente todavía queda un pequeño reducto de aficionados que conservan el rigor, la mayoría de estos en el tendido 7 y la Grada Joven. A ellos, se sumó el usía de hoy. No sacó el pañuelo blanco en el quinto de la tarde, que habría supuesto la Puerta Grande más barata que se recuerda. Más aún que la de Perera de San Isidro. Al nivel de la de Castella en el 2018 como poco.
Por los pelos no se fue Colombo con dos orejas. Y nosotros nos fuimos sin un pase para el recuerdo en toda la tarde. ¿Así se puede abrir la Puerta Grande de Las Ventas? Yo creo que no. A todo esto le tienen que sumar un pinchazo previo.
Triunfalismo y nada más.

La tarde empezó con el himno de España tras el paseíllo por ser el Día de la Hispanidad. Ya marcó el caracter festivo del día y del público, que hoy acudió a la plaza más por postureo nacional que por afición. O al menos conocimientos del toreo tenían pocos. Lo bueno fue que hubo una entrada muy buena para ser un festejo fuera de feria.

Además, se sacó a saludar a Gonzalo Caballero tras el paseíllo, ya que volvía a la plaza de sus sueños tras la grave cornada de San Isidro.
Por ello, su primer toro se lo brindó a Máximo García Padrós, sin saber (o quizá sí) que hoy se tendría que volver a poner en sus manos.

Dejó algún pase de pecho estimable y estuvo siempre bien colocado, como acostumbra. Sin embargo, se jalearon más los desplantes y el arrimón final, censurado por otros pocos.
Las bernardinas fueron ceñidísimas. El pitón pasaba a escasos milímetros.

Gonzalo se vino arriba en un alarde de valor que suele tener cada vez que viene a Madrid y se tiró a matar igual que en San Isidro. E igual fue el resultado, pero con un pronóstico aún más grave. Dos profundas trayectorias que afectan a la femoral.
Le deseamos todos una pronta recuperación, pero también hay que ser consciente que si tu nombre solo suena por las cornadas, es que algo falla.
De seis corridas como matador de toros en Las Ventas, en cuatro ha acabado en la enfermería, y esta vez, muy grave.
Le pasó por echarse encima del toro al matar. Muy despacio, pero ni hizo la cruz. Entra a matar con la muleta en la mano izquierda pero no la usa para nada. Como si entrase sin muleta.
La oreja se la dieron por la cogida.

Colombo también tuvo un percance al poner las banderillas, pero se libró de la cornada.

Antes, con su primero, tuvo la oportunidad de descerrajar la Puerta Grande con un excelente Valdefresno.
Sin embargo, cortó una oreja muy triunfalista después de que el toro se le fuese por completo.
Se arrancó pronto a las banderillas de Colombo, que las puso a toro pasado, a excepción del tercer par.
Es una pena ver a Fernando Sánchez en su cuadrilla y no poder disfrutar de sus banderillas.

Dejó la montera en la puerta de la enfermería en señal de respeto por el compañero herido.
Con la muleta lució al toro. Citaba de lejos y «Pomposico I» acudía alegre, repitiendo con codicia y, por momentos, haciendo el avión.
Colombo, desbordado, realizó una faena de tiralíneas, siempre despidiendo la embestida hacia fuera.

Cortó una oreja con protestas y el toro recibió una fuerte ovación en el arrastre. Era para encumbrar a un torero y el venezolano no estuvo a la altura.
En el segundo de su lote sufrió la fea voltereta que antes comentaba. Fue al hacer un quiebro antes de poner el tercer par, que finalmente no se puso.
El toro estuvo varios segundos encima del torero en un tiempo que se hizo muy largo y del que salió Colombo con una fuerte paliza y conmocionado.

El animal le había pisado la cabeza y Colombo cayó de nuevo mareado.
Le quitaron la chaquetilla y brindó al público, que ya estaba de su parte tras el susto.
Sin embargo, se lo pasó muy lejos y tuvo que recurrir a adornos como martineres o molinetes para «salvar» sus series.
También acabó con las bernardinas y se tiró a matar sin muleta, pinchando y dejando una gran estocada al segundo intento, de la que salió rodado el toro tras hacerle hilo.
Le pidieron la oreja muchos, que habría sido un regalo, pero el presidente estuvo bien aguantando dicha petición.
Se dividieron las opiniones.

Eugenio de Mora tuvo que lidiar tres toros mansos por el percance de Gonzalo Caballero.
Al primero, rajado desde el comienzo, le recetó una buena serie con la derecha, dejándosela puesta, ya que de lo contrario el toro se iba suelto. Aunque fue con el pico y haciendo la noria, esa era la única forma de sacar algo.
Dejó algún natural suelto bueno, pero al irse el toro a las tablas deslucía todo.
En sus otros dos toros tampoco tuvo opciones y fueron faenas muy planas, que no transmitieron nada.

Plaza de toros de Las Ventas (tres cuartos de plaza): toros de Valdefresno, bien presentados y en el tipo del encaste. Destacó el bravo tercero, ovacionado en el arrastre. El resto no sirvieron.
– Eugenio de Mora (de azul pavo y oro): silencio en los tres toros que mató.
– Gonzalo Caballero (de sangre de toro y oro): oreja en el único que mató (herido muy grave).
– Jesús Enrique Colombo (de celeste y oro): oreja con protestas y vuelta al ruedo con protestas.

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