EL TOREO DE… EL JULI

Julián López Escobar nació el 3 de octubre de 1982 en Madrid.

Fue un niño prodigio, que se tuvo que marchar a México para poder torear, ya que aquí aún no tenía la edad legal para poder hacerlo.
Allí, en La México, indulta a un novillo de La Venta del Refugio, de nombre «Feligrés». Fue su primer gran éxito y, por eso, la finca del Freixo, su ganadería se llama también «Feligrés».

Ya en España, corta dos orejas en Sevilla y se encierra con seis novillos de distintas ganaderías en Madrid, en la que era su presentación en la ciudad que le vio crecer.
Colgó el «No hay billetes» en una novillada fuera de feria, algo impensable hoy en día. Además, desorejó al ejemplar de Alcurrucén y abrió la Puerta Grande.

Unos días después tomaría la alternativa en Nimes. Era el 18 de septiembre de 1998, convirtiéndose en el matador de toros más joven en doctorarse (actualmente, le ha superado Michelito).
La alternativa se la dio Manzanares, en presencia de Ortega Cano. Ese día, El Juli triunfó con los toros de Daniel Ruiz.

El año siguiente ya es el líder del escalafón y abre su primera Puerta del Príncipe de Sevilla.

Confirma la alternativa en Las Ventas el 23 de mayo de 2000, con Ponce como padrino y Rivera Ordóñez de testigo. Los toros fueron de Samuel Flores.
El 12 de octubre de ese mismo año corta un rabo en Zaragoza.

En 2001 sale de nuevo por la Puerta del Príncipe en Sevilla y dos por la Puerta Grande en Bilbao, una con toros de Victorino.

En 2003 se encierra con seis toros en Madrid. También se anuncia en solitario en Santander, Linares y Zaragoza, y es que, al Juli siempre le han gustado las encerronas.

En 2005 indulta un toro en la Monumental de México.
En 2006 firma una gran faena sin refrendarla con la espada con un toro de Ana María Bohórquez en Madrid.
Sí que conseguiría abrir la Puerta Grande de Las Ventas un año después, con la recordada faena a «Cantapájaros» de Victoriano del Río.
Estas dos faenas son las más importantes del Juli en Madrid como torero, junto con la de «Licenciado» de Alcurrucén en 2018.

En 2008 se anuncia en solitario con seis toros en Nimes para celebrar los diez años de alternativa. Corta siete orejas y un rabo.
La siguiente temporada se encierra también en Bilbao y Bayona.

En 2010 abre la Puerta del Príncipe de Sevilla y corta dos orejas en el mismo escenario a un toro de Torrealta cuatro días después.

En 2011 corta un rabo en La México, indulta un toro en Arles, desoreja a otro el Domingo de Resurrección en Sevilla y, en la Feria de Abril, vuelve a salir por la Puerta del Príncipe.

Bien distintas serían las siguientes temporadas, ya que en 2012 se queda fuera de las primeras ferias de primera por aquello del G-10 y porque en 2013 sufre la cornada más grave de su vida en Sevilla. No obstante, días antes había abierto otra vez más la Puerta del Príncipe en el Domingo de Resurrección.
La tarde de esa grave cornada en la Feria de Abril, sería su última tarde en La Maestranza hasta 2016, ya que en 2014 y 2015, el G-5 da la espalda a Sevilla.

En 2017 logra quitarse la presión en Madrid, cortando una oreja en cada una de sus dos tardes. Ya sin ese miedo escénico, por fin vuelve a cuajar un toro en Las Ventas en la Corrida de la Cultura de 2018, como ya se ha mencionado previamente. Os dejo la crónica de esa tarde en el siguiente enlace: https://criticataurina430463222.wordpress.com/2018/05/24/el-juli-soberbio-con-la-muleta-pesimo-con-la-espada/

Además, en 2018 se encierra con seis toros en Zaragoza, para conmemorar su vigésimo aniversario de alternativa.
También en 2018 logra uno de sus mayores hitos de su carrera con el indulto al toro «Orgullito» de Garcigrande en Sevilla y una nueva Puerta del Príncipe.
Otra más llegaría en 2019 con los toros del mismo hierro (el preferido de Julián, sin ninguna duda).

Además de todo esto, ha tenido un gran número de triunfos en plazas de primera, como Valencia, Pamplona o Barcelona, a pesar del tiempo que lleva ya cerrada.

La carrera del Juli será recordada como la de un torero de época, por todos estos datos y muchos más que no he dado por no hacer interminable la lista.
Muchos de sus triunfos han sido en plazas de primera, como La Maestranza, plaza clave en su carrera. Esto tiene un enorme mérito, ya que indica que El Juli ha tirado del carro durante dos décadas (hasta el momento), sin renunciar a la responsabilidad de los grandes escenarios.
De hecho, creo que su toreo cobra verdadera importancia en estos puertos de montaña, en los que sabe que debe estar al 100%, ya que en plazas de menor importancia sabe cómo aliviarse sin que la mayor parte del público ni siquiera lo note.
Es un privilegiado técnicamente y, a veces, el exceso de técnica no es algo bueno, ya que la usa de un modo especulativo.
Por eso, aunque será recordado como una gran figura, también lo será como la de un torero que dividió a la afición. Un torero que se retorcía, que mataba mal y que no se salía de Garcigrande y poco más.
No obstante, hay que tener memoria. El Juli ha toreado «samueles», «victorinos», «miuras»… Como pasa con Ponce, ese momento de su carrera ya ha pasado. Ahora que lo hagan los que no lo han hecho nunca.
Eso sí, lo que no puede ser es que toree toros afeitados, como aquella tarde de los «vellosinos» de Huesca. Eso nunca será justificable.

Y es que el Juli siempre ha tenido aduladores, sobre todo entre los periodistas, que le han permitido todo y no han querido contar la realidad, tapando hechos como este o como su horrenda forma de matar: «el julipié».
En el lado contrario, ha tenido una parte muy importante de la afición más exigente siempre a la contra. En ocasiones, no han sabido apreciar las muchas cosas que ha hecho el madrileño, que nunca ha sido querido en Madrid.

La forma de torear del Juli ha variado mucho desde sus inicios, pasando por varias etapas.
En sus comienzos era el niño prodigio que todos querían ver. Era la novedad. Destacaba porque dominaba todos los tercios: ponía banderillas y era variado en los quites, aunque el público esperaba verle hacer la lopecina.
Después pasa de esa etapa de torero bullidor a una más de relajo. Deja las banderillas y se centra más en el clasicismo. Torea con temple y hondura y apuesta en las ganaderías que torea cuando lo considera necesario.
Ese forma de torear del Juli, con la cumbre de «Cantapájaros», puede haber sido su mejor versión, al menos para mi gusto.

Después pasa a una etapa de toreo muy retorcido en su afán de bajar muchísimo la mano. Era, por tanto, un torero muy exigente con los toros, los exprimía al máximo, pero era totalmente antiestético. Su toreo hacía daño a la vista.
Tras el cornalón de Sevilla, su toreo adquiere más ventajas, como el de retrasar más aún la pierna de salida y no cargar la suerte. Tampoco ha destacado mucho por ello nunca, en cualquier caso.
Además, vacía los muletazos hacia fuera cuando no está del todo cómodo.

Desde 2018 hasta el momento ha recuperado la verticalidad en su toreo. Aunque de perfil, está toreando con hondura, con los riñones encajados. El capote lo está manejando con mimo, con una gran suavidad.
Sin embargo, con la espada va de mal en peor.
Lo que nunca cambiará es la forma de andar por la plaza. Realmente, sus salidas de la cara del toro son poco toreras. O sus remates de las series, dejándolas prácticamente sin remate, a medias, o vaciando el muletazo previo al pase de pecho por encima de la pala del pitón, con un feo tirón.
La torería, se tiene o no se tiene.

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