EL TOREO DE… RAFAELILLO

Rafael Rubio Luján nació el 16 de julio de 1979 en Murcia.

Llegó a la alternativa con mucho ambiente después de una triunfal etapa de novillero. La tomó en su ciudad natal el 14 de septiembre de 1996 de manos de Enrique Ponce y en presencia de Francisco Rivera Ordóñez.

Su confirmación en Las Ventas no llegaría hasta el 27 de julio de 2003. Alberto Ramírez fue su padrino y López Chaves el testigo.

Tras este parón después de tomar la alternativa fue entrando, poco a poco, en los carteles que nadie quería, es decir, con las ganaderías más duras. En Pamplona y Francia le dan oportunidades y demuestra que es capaz de estar a altura con estos hierros.
Precisamente, en Pamplona volvió a nacer el 14 de julio de 2019, cuando un toro de Miura le cogió al torear de rodillas.
El parte médico habla por sí solo.
No obstante, con la ganadería de Miura también ha vivido la otra cara de la moneda. Por ejemplo, en San Isidro 2015, feria en la cual cuajó a un toro de esta mítica ganadería. De no ser por la espada, podría haber abierto la Puerta Grande de Las Ventas.

Rafaelillo es un gladiador, un torero que ha lidiado con todo lo que le han echado… que no ha sido ninguna tontería. En ese sentido, tiene toda mi admiración.
Además, es un torero que sabe torear, que no solo sirve para la lidia a la antigua, aunque con estas ganaderías muchas veces se vea obligado a ello.
Sin embargo, me parece que aunque siempre torea ofreciendo la femoral, no carga la suerte y se retuerce en exceso. Mal menor con ganaderías, a las que es difícil darle tres pases seguidos. Pero la realidad es esa. Si le pusiesen con una ganadería comercial junto a figuras, no creo que destacase, porque no tiene la clase de otros actualmente, aunque sí la tuviese de novillero. Ahora está acostumbrado a ir a la guerra y para eso no hace falta ponerse bonito.

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