EL TOREO DE… CURRO DÍAZ

Francisco Díaz Flores nació el 20 de mayo de 1974 en Linares (Jaén).

Tomó la alternativa en su tierra, en Linares, el 1 de septiembre de 1997. El padrino fue Juan Carlos García, y el testigo, Sebastián Córdoba. Los toros fueron de Valdemoro.

Confirmó en Las Ventas también un 1 de septiembre, pero en este caso, de 2003. Lo hizo de manos de Frascuelo y en presencia de Guillermo Albán, con toros de Cura de Valverde.
En el posterior San Isidro dio una gran tarde de toros (sin espada) con toros de Cuadri.

Sin embargo, sería en 2007 cuando conseguiría abrir la Puerta Grande de Las Ventas, tras desorejar a un toro de Los Recitales.
Otra más conseguiría el Domingo de Ramos de 2016.

Curro Díaz siempre ha sido un torero del gusto de Madrid. No un consentido, puesto que también se le ha recriminado, por ejemplo, la forma en la que retrasa la pierna de salida, pero su arte se le ha reconocido.
Curro es un torero de pellizco, aunque no le guste demasiado esa etiqueta de artista, puesto que considera que su toreo no es solo el trincherazo, el pase del desdén o la trincherilla. Sin embargo, es en esos adornos, que suele realizar para iniciar las faenas o para abrochar las series, cuando pone a todo el mundo de acuerdo.
En el toreo fundamental podemos distinguir a dos Curro Díaz: el de la mano derecha y el de la izquierda.
Con la derecha torea erguido y desmayado, con un gran relajo, aunque ofreciendo algo de pico. Sus muletazos con esta mano no son demasiado largos, sino que son más enroscados.
Sí son de trazo mucho mayor al natural, pero aquí peca de tomarse excesivas precauciones, como el esconder la pierna, inclinarse o vaciar los muletazos de forma demasiado lineal.
Con el capote (con el que se desenvuelve bien) opta por el palo clásico de las verónicas, sobre todo.

Ha entendido a toros de distintos encastes, como Cuadri, Domecq, Santa Coloma, Atanasio – Lisardo o Albaserrada.

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