«EL RAFI» Y «RECOBERO», LO MEJOR DE LA PRIMERA NOVILLADA EN LA CAM

Volvían los toros a Leganés tras varios años sin actividad taurina, así como a la Comunidad de Madrid, ya que la de hoy ha supuesto la primera novillada post-pandemia. Lo cierto es que se esperaba más de la misma, ya que la ganadería de La Quinta atraviesa un momento sensacional, que hoy salió a relucir solamente en el quinto novillo, «Recobero».

«El Rafi» lo entiendió a la perfección por el pitón derecho con series muy ligadas y templadas. El cárdeno embestía como embisten los animales buenos de este encaste y de esta ganadería en particular, es decir, al ralentí.
Con el capote el francés pudo pegar un ramillete de buenas verónicas y tres medias superiores.
El inicio de faena había sido francamente bueno, por bajo, con doblones, todo rebosante de hondura.
Posteriormente, con la derecha los muletazos se hilvanaban uno tras otro, pero sin caer en el recurso de la noria.
Sin embargo, cuando «El Rafi» cogió la mano izquierda para ponerse a torear al natural, la faena bajó de nivel y tuvo que volver a la derecha para dejar una buena serie más desmayada. Como leve «pero» se le puede poner sus intentos de mirar al tendido cuando no procedía en ambas faenas, resultando algo enganchando, aunque, sin duda, lo que le falló fue el uso de la espada. Se le esfumó el triunfo y todo quedó en una ovación para novillo y vuelta al ruedo para el novillero en este quinto episodio de la tarde.
El resto de esta no tuvo mucho contenido.
En el segundo novillo ya se habían visto las buenas formas del Rafi (y su buen manejo del capote), pero la faena no cogió vuelo porque el toro embestía a media altura, defecto típico de Santa Coloma, que desluce muchísimo los muletazos. Sorprendentemente (que alguien me explique porqué), se aplaudió a este novillo en el arrastre.

Leando Gutiérrez estuvo muy firme con un novillo tardo y muy complicado. Un manso encastado al que no es que le costase humillar, es que le costaba embestir. Solo respondió bien a los pases de pecho. El resto de su lidia mostró su peligro de principio a fin (incluso dando un susto al puntillero).
De la lidia del sexto y último solo cabe destacar los pares de David Adalid, que saludó junto a su compañero Julio López.

Con su clásico blanco y plata iba vestido Francisco Montero, pero su tarde fue negra. Empezó, como acostumbra, muy dispuesto, yéndose a recibir a portagayola al novillo que descorchó esta feria.
Quizás, sus ganas le jugaron una mala pasada y se le vio algo acelerado.
Empezó sacandose hacia fuera al novillo y tras una caída después del comienzo de la faena este empezó a acusar el mismo defecto que sus hermanos de ir con la cara arriba.
Montero alargó la faena, pero había poca materia prima. El inconveniente de pasarte de faena es que se hace más complicado poder entrar a matar. Le costó un mundo, hasta tal punto de escuchar un aviso antes de conseguir hacer la suerte suprema.
Con el cuarto se puso todo a la contra: la tarde ya amenazaba a petardo y la lidia fue pésima. Alonso Sánchez se llevó la primera bronca gorda en La Comunidad desde hace mucho tiempo, ya que lo picó mucho y mal. Además, los banderilleros pusieron los pares al relance y muy delanteros. Tampoco dio ningún motivo Francisco para que esto cambiase, ya que se le vió totalmente perdido, hasta el punto de que, consciente de su mala actuación, hizo un gesto de pedir perdón al público al irse a por la espada.
Escuchó palmas de tango a la muerte del novillo, mientras que a este (también de manera algo difícil de entender) se le aplaudió. La mala actuación de Montero no debía servir para ponerse de parte del novillo, que tampoco tenía demasiada bravura, aunque bien es cierto que demasiado aguantó con la lidia que le habían dado.

Plaza de toros de La Cubierta (hoy con la cubierta abierta por las medidas de prevención del Covid) de Leganés: entrada muy pobre a pesar de las restricciones de aforo.
Novillos de La Quinta muy bien presentados, pero sin humillación ni bravura, a excepción del quinto (ovacionado en el arrastre). Complicado el tercero.
– Franciso Montero (de blanco y plata): silencio tras aviso y pitos tras aviso.
– «El Rafi» (de verde hoja y oro): ovación y vuelta tras petición.
– Leandro Gutiérrez (de verde esmeralda y oro): palmas y palmas.

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