“DUENDE”, UN TORO DE BANDERA EN LA TARDE DE LAS TRES OREJAS DE EMILIO DE JUSTO

Lleno de “No hay billetes” en el aforo permitido en Las Ventas para ver el esperado mano a mano entre Antonio Ferrera y Emilio de Justo con los toros de Victoriano del Río, que echó un corridón en cuanto a presentación y a juego.

Madrid sacó a saludar a Ferrera por la Puerta Grande de su última tarde (aquella histórica encerrona) y esta vez no fue el 7, que además pitó no se sabe muy bien porqué. Antonio, que había compartido el saludo con Emilio, estuvo inteligente al escuchar los pitos. Dijo que él no salía a saludar, sino a pedir que pintasen las rayas, que parece que en Las Ventas andan escasos de cal tras la pandemia. Ya pasó en la corrida de Victorino.

Abrió plaza “Soleares”, nombre clásico en esta ganadería. Este fue el único herrado con el hierro de Toros de Cortés (segundo hierro de la casa). Fue un manso encastado con mucho que torear, al que Ferrera le planteó una lidia heterodoxa. Como era mansito y salía suelto del caballo mandó invertir las posiciones. El toro partiendo desde las tablas y el caballo en el medio. Genial Ferrera, aunque Madrid no lo entendiese. Existe mucho dogmatismo en esta plaza con las rayas del tercio de varas. Era lo que pedía el toro y en el medio el picador está mucho más desprotegido. Lo hizo bien Aitor Sánchez. Con la muleta, Ferrera dejó un interesante trasteo que no terminó de romper. El aficionado más exigente se puso de parte del clasicismo de Emilio de Justo y no acabó de echar cuentas a Ferrera, aunque su tarde fue de más a menos, a mucho menos. A este primero lo trató de matar recibiendo de muy lejos, como hizo con “Bonito” en el San Isidro de 2019 (en esta ocasión llevaba el mismo traje), pero la espada hizo guardia.

Su tarde fue un sainete con la espada. A su segundo, un burraco muy de Victoriano de imponente estampa, lo trató de matar con esa estocada al paso que realiza a tanta distancia, pero dio un bajonazo. Al toro se le había lidiado pésimamente y lo acusó en la muleta. Ferrera lo templó y tiró de lo accesorio para levantar una división de opiniones.

Bien es cierto que, dentro de una muy buena corrida de Victoriano, Antonio no se llevó el lote. El quinto (otro toro mal lidiado en una tarde muy mala de las cuadrillas) fue el peor del encierro y el torero optó por abreviar tras mostrarse desconfiado.

La tarde, sin duda, fue para Emilio de Justo. El de Torrejoncillo cortó una orejita al segundo tras una faena en la que sobresalió el epílogo por naturales enfrontilado a pies juntos. A destacar como quitó al toro del caballo Ferrera como director de lidia, toreando a la verónica y la réplica de Emilio por chicuelinas de mano baja.

El cuarto fue el toro de la tarde y, seguramente, del año. “Duende” tenía las hechuras perfectas para embestir y ¡cómo lo hizo! A pesar de la mala lidia, (otra vez más), fue un torrente de casta y bravura. Tenía alegría, prontitud, humillación y mucha repetición. Un toro de bandera para encumbrarse y De Justo se quedó en un sí pero no. Cierto es que el toro habría desbordado al 90% del escalafón (y me quedo corto) y que a Emilio no le desbordó, pero tampoco estuvo a la altura de este toro para el recuerdo. Lo brindó a César Rincón y sobre la derecha le ligó los pases en series cortas pero intensas. No podía dar más de tres o cuatro pases y el de pecho por la codicia del animal. Con la izquierda el toro se abría algo y eso permitía al torero templar un poco más. Volvió al toma y daca con la derecha con el incansable Victoriano. Solo consiguió abandonarse en el último derechazo antes de irse a por la espada, y es que no era un toro para ponerse bonito. Quiso cerrar la obra por naturales con la mano derecha, pero fue desarmado en el pase de pecho y tuvo que realizar otro final por bajo. Gran estocada y dos orejas, quizás algo excesivas. La vuelta al ruedo al toro, unánime y de ley.

No se conformó De Justo y se inventó una faena al impresionante sexto, que no parecía tener nada dentro, pero a base de irle haciendo y de poderío le ligó varias series templadas por el izquierdo antes de poner la plaza en pie toreando muy despacio sobre la derecha. Se tiró a matar y dejó una estocada atravesada. Al ver que no se echaba y que se le iba la oreja o las dos orejas que podría haber cortado de este toro se impacientó y descabelló cuando el victoriano se podría haber echado de haberlo dejado solo. Falló varias veces y perdió un triunfo aún mayor.

Plaza de toros de Las Ventas (lleno de “No hay billetes” sobre el aforo de 6.500 personas). Toros de Victoriano del Río, excelentemente presentados y de buen juego, destacando el bravo cuarto, “Duende”, premiado justamente con la vuelta al ruedo.

  • Antonio Ferrera (de verde hoja y oro): silencio tras aviso, división de opiniones y silencio.
  • Emilio de Justo (de azul pavo y oro): oreja, dos orejas y ovación.

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