LA CALIDAD ANTES QUE LA CANTIDAD, VICTORINO

Después de un lustro volvían los toros a Alcalá de Henares. Había ganas, más aún tras la polémica suspensión de la feria del año pasado por parte de la CAM cuando ya estaban incluso los toros en los corrales.

Para este esperado regreso, la empresa Loyjor de Manuel Martínez Erice y Arellano, ha programado una interesante miniferia que se abría hoy con la victorinada. Ahora bien, cuando uno va a ver victorinos espera otra cosa. ¿Dónde ha quedado la casta? Los toros tenían cierta clase, colocaban la cara… pero no transmitían nada, a excepción del primero que sacó algo de genio. Solo el próximo fin de semana, Victorino lidia en Priego de Córdoba, Daimiel, El Álamo y Villanueva del Arzobispo: cuatro corridas en tres días y todo lo que viene después. Se entiende que quieran quitarse a todos los cinqueños que se quedaron en el campo por la pandemia, pero hay que llevar a las plazas los que crea que van a dar juego. ¡Que son victorinos!

Rafaelillo pechó con el lote más complicado. El primero fue un toro que ya avisó desde el saludo capotero que podía ser tobillero. No llegó a serlo tanto como otros toros que hemos visto de esta ganadería, pero sí que sabía lo que se dejaba atrás. El torero de Murcia le dio unos pocos de mantazos para abrir faena y, después, tardó en cogerle el pulso. Todo hay que decirlo, finalmente sí que lo consiguió, consiguiendo reducir la embestida del de la A coronada.

El cuarto era el victorino de mejores hechuras. Bajo, armónico. Cárdeno claro. Lo saludó a la verónica y quitó por chicuelinas con poco acople. El toro, a pesar de esas hechuras que invitaban a confiar en él, no rompió hacia delante en ningún momento. Le faltó movilidad. Cerró la faena Rafaelillo por luquecinas antes de cobrar una gran estocada que le valió la oreja.

Javier Cortés toreaba en Alcalá tras ser cogido ayer por un toro de Ana Romero. Esta mañana aún estaba en el hospital de Linares, pero pidió el alta y se vino a torear a Alcalá. La ovación tras el paseíllo se la tenía más que merecida. Además, no se le notó la merma física durante la lidia de sus ejemplares. El primero de su lote tenía un gran pitón derecho, que aprovechó muy bien Cortés. El toro iba con clase y el getafense lo llevaba largo. Por el izquierdo no era lo mismo. La oreja se antojó algo excesiva por haber pinchado previamente, al igual que sucedería después con Román. Las palmas al toro también lo fueron.

En el quinto ya se veía que la tarde no acababa de coger vuelo. Precisamente, con los vuelos de la muleta toreó Javier a un victorino justito de fuerzas y agarrado al piso, de nuevo mejor por el derecho, pero se pasó de faena y el toro ya no pasaba. Tampoco ayudó este hecho a la hora de entrar a matar. El animal no ayudó nada y el torero pinchó reiteradamente.

Román Collado es torero de todas las ganaderías. Le valen de todos los colores. En este caso, con los victorinos aprovechó las virtudes del encaste Albaserrada para torear muy despacito. Su lote fue, quizás, el más noble. Tanta nobleza que pudo restar mérito a las obras de Román, que hizo mejores a los toros de lo que fueron. Faltaba ese picante, esa chispita. No obstante, el temple de Román es digno de alabar. Mejor faena fue la del tercero, con más toreo al natural que en el sexto, donde por momentos casi cae en el toreo noria con la derecha, pero ni así: el toro se distraía. Dos orejas para el valenciano, una en cada toro. Por cierto, mientras Román paseaba la oreja del tercero, los operarios formaron un buen lío pintando las rayas de picar.

No quiero acabar la crónica sin mencionar el bonito gesto de Román al brindarle el tercer toro a Javier Cortés, por el esfuerzo que estaba haciendo al torear hoy. Rafaelillo no quiso desentonar y también brindó el cuarto a Cortés.

Plaza de Toros “La Estudiantil” de Alcalá de Henares (pobre entrada): toros de Victorino Martín, bien presentados teniendo en cuenta la categoría de la plaza, pero descastados. Algunos sacaron cierta clase. El segundo fue aplaudido en el arrastre.

  • Rafaelillo (de fucsia y oro): ovación y oreja.
  • Javier Cortés (de sangre de toro y oro): oreja y ovación.
  • Román (de corinto y oro): oreja en ambos.

Se desmonteró en las banderillas del segundo toro Antonio Molina.

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