ROCA SE LLEVA LA TARDE. MORANTE Y AGUADO DEJAN MOMENTOS PARA EL RECUERDO EN UN PETARDO GANADERO

La corrida se llamaba la Corrida del Milagro. Buen nombre, pues que embistieran estos toros de José Vázquez con esas hechuras era un milagro. Y Maximino, el empresario, decía que la corrida le gustaba. ¡Vaya gusto! A lo mejor le gustó a su cartera, porque no creo que haya pagado demasiado por esos novillos adelantados: algunos acababan de cumplir la edad para ser lidiados en corrida de toros. El lote mejor presentado fue el de Roca Rey, el único que tuvo dos toros potables. Aguado tuvo dos feísimos y sin trapío, además de mansos de libros. También se llevó otro manso Morante y un abreplaza que se dejó. Por si fuese poco, la corrida era muy sospechosa de pitones. Aunque en la plaza no se llegaba a apreciar, en las fotografías del sorteo se intuían las bolitas.

A pesar de todo, la corrida no empezó nada mal. Morante anda en estado de gracia desde la pandemia y toreó a placer con el capote: a la verónica en el saludo, rematando con una gran media, y con una garbosa chicuelina y un ramillete de hondos delantales en el quite. El inicio de faena por bajo fue sublime, con trincherillas cumbres para sacarse el toro desde las tablas a los medios. Le faltó picante al toro, pero Morante ligó con empaque las series sobre la derecha y epilogó su obra con un artístico molinete invertido. Pinchó el de La Puebla.


El cuarto fue un animal parado y sin fijeza. Parecía que Morante iba a abreviar, pero en esta nueva versión suya consiguió sacar algún natural estimable. Los morantistas se volvieron locos, incluso hubo quien pidió la música con una babosa. José Antonio se vino arriba e intentó un molinete, mas el toro le desarmó. A la segunda le salió, pero el toro se rajó aún más. Pinchazo y estocada.

Pablo Aguado volvió tras su lesión de rodilla sin nada de suerte. Sin embargo, aunque no tuvo toros, firmó el mejor momento de la tarde (junto con el inicio de faena de Morante). El toro no acudía al capote y Pablo fue a por él. Lo metió en los vuelos y paró el tiempo con una facilidad asombrosa. Es el torero que más despacio torea a la verónica. Un aficionado comentaba en el tendido: «Yo no sé que hace, pero parece que les echa el freno de mano a los toros».
Intentó el quite, pero el toro ya cantó la gallina y se rajó desde ese momento. Imposible el lucimiento. Aún así, Aguado se justificó realizando una faena sobre la derecha en toriles, dejando la muleta siempre puesta para hacer la noria con el piquito de la muleta, pero no para aliviarse, sino porque era la única forma para que no se fuese el toro. Al natural, al vaciar el muletazo, fue imposible. Realizó dos molinetes en los que le apretó el toro, especialmente en el segundo, en el que se le quedó debajo. El sevillano no tiene el valor de Roca Rey y, aunque lo puso todo de su parte, se le notó que estaba pasando un mal trago. Así se vio también al entrar a matar: dejó un bajonazo saliéndose de la suerte.

El sexto fue un toro muerto en vida que hasta se echó durante su lidia. Tampoco ayudó un topetazo que le dio el propio torero contra las tablas para evitar un percance cuando se le vino encima.
Debió haber abreviado Aguado. Estocada tendida.

La tarde fue de Roca Rey. Tarde de figura. Parece que se recupera ese torero de antes de la pandemia y de su lesión, que desde entonces no ha vuelto a causar el mismo impacto. Sí impresionó en Illescas, bien es cierto que tirando de toreo accesorio, pero es que como se pusiese a competir en el toreo fundamental con los dos artistas sevillanos, no tendría nada que hacer. Cada uno con sus armas. Levantó al público con un gran quite por saltilleras en el centro del ruedo, cambiando el viaje del toro. Así, cambiando la trayectoria, logró esa emoción que no ponía el toro hasta en tres ocasiones: esta del quite, en el inicio de faena, con cambiados por la espalda de rodillas y en el cierre de faena por bernardinas.
Con la derecha trató de torear más desmayado de lo que acostumbra. Cortó una oreja tras pinchar.

En el quinto metió de nuevo al público en la tarde con un gran quite por caleserinas (en el que a punto estuvo de ser cogido) rematado con una brionesa. Fue este el animal de mayor trapío. También fue sosito.
Empezó la faena por estatuarios y su ya clásico cambiado por la espalda con la izquierda, en esta ocasión casi de frente. La faena no acabó de coger vuelo y tuvo que recurrir al arrimón final, de nuevo con muchos pases por la espalda.
Fueron de nota sus pases de pecho con la izquierda tras cambiarse de mano la muleta para rematar la serie, convirtiéndolos en circulares, algo que empezó a hacer en 2017 y que, aunque nunca los ha dejado de realizar, no se ha prodigado mucho en ellos desde entonces. Ejecutó la suerte suprema muy despacio, pero la espada le cayó baja. Aún así, el público le regaló la segunda oreja.


Plaza de toros de Illescas (lleno de «No hay billetes»). Toros de José Vázquez, mal presentados en líneas generales, salvo el quinto, y sospechosos de pitones. Los de Pablo Aguado parecían novillos. Mansos, sosos y sin movilidad.

Morante de La Puebla (de tabaco y oro): ovación en ambos.
Roca Rey (de espuma de mar y oro): oreja y dos orejas.
Pablo Aguado (de catafalco y plata): ovación y palmas de despedida.

*La gente se movió por los vomitorios durante la lidia de los toros, con el riesgo que eso puede entrañar para los toreros que están en el ruedo.

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