¿CÓMO TIRAR POR LA BORDA UNA PUERTA GRANDE CON LA ESPADA?

Julián López «El Juli» ha puesto muy cara la feria. Tarde rotunda, de figura del toreo, en la que ha mostrado un magisterio total con sus dos oponentes… hasta que ha llegado el momento de la suerte suprema. ¿Cómo después de cuajar un faenón como el del quinto toro se puede tirar así de mal a matar? Esto no es nuevo, ya le pasó con aquel «Licenciado» de Alcurrucén.
Y es que la faena del quinto ha sido sencillamente extraordinaria. Qué bien ha entendido a un toro nada fácil, que tiraba derrotes y estaba con él y no con la muleta al comienzo de su faena. Pues Julián, inteligente como pocos, decidió abrirle el camino, pero no para sacarse el toro fuera, si no para volverlo a llevar hacia atrás en redondo, siempre empapado en la franela, en unos muletazos tan largos como despaciosos. Y se obró el milagro. El toro que no embestía al trapo ahora lo hacía al ralentí, con una embestida «a la mexicana». Mérito todo del torero. La pena es que perdió las dos orejas con sus julipiés.

Sin alcanzar cotas tan altas, también estuvo francamente bien con su primero, el mejor toro del encierro de La Quinta. El animal tuvo movilidad y el madrileño lo aprovechó desde los lances con el capote, a los que Aguado replicó con más pena que gloria en el quite a la verónica. No fue la tarde del sevillano, del que luego hablaremos.
El Juli inició su trasteo muleteril con pases por bajo en redondo, desmayado. Muy torero. La faena fue maciza por ambos pitones, alcanzando su punto álgido en un natural en círculo tras el cambio de mano antes de irse a por la espada. Lo mató arriba y cortó una oreja de las de peso, de las de Madrid de verdad. Hoy sí estuvo bien el presidente Gonzalo de Villa Parro tardando algo en conceder la oreja y evitando así que el público pidiese la segunda oreja, que habría sido algo excesiva, aunque no más que las que ya se han concedido este mismo año a los novilleros fuera de feria.

El otro toro con opciones del festejo fue el tercero, del lote de Aguado. Pablo estuvo siempre por debajo de su condición, lo que provocó las protestas del respetable. Lo cierto es que hubo alguna serie estimable, pero la falta de ceñimiento con el toro por su abuso del pico y ese toreo al hilo que Madrid no perdona pesaron más en el balance final.
Con el anovillado pero entipado sexto, hocico de rata, poco pudo hacer y se marchó entre algunos silbidos de La Monumental.

Morante no tuvo su tarde, algo habitual en su caso cuando viene a Las Ventas. En esta ocasión vino en calesa, igual que en su encerrona en El Puerto. No le da suerte. Se llevó el lote más deslucido, pero él tampoco puso demasiado de su parte, a pesar de que el público estaba con él: le cantaron hasta alguna verónica enganchada. Parece que ordenó que masacrasen en varas al primero porque no le gustó.
Empezó sacándoselo desde las tablas, con un pase destacado rematando en la cadera, pero la faena fue perfilera e irregular, con muchos altibajos.
Ningún alto tuvo la del cuarto, con el que no se acopló nunca y abrevió. Mala tarde del de La Puebla.

Plaza de toros de Las Ventas (lleno de «No hay billetes»): toros de La Quinta, en el tipo del encaste, bajando un punto el lote de Aguado. Destacó la nobleza del segundo. Con opciones el tercero. Ambos aplaudidos en el arrastre.
Morante de La Puebla (de espuma de mar y azabache): silencio y pitos.
El Juli (de azul marino y oro): oreja y vuelta al ruedo.
Pablo Aguado (de verde esmeralda y oro): silencio y ligeros pitos.

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