TÉLLEZ TOREA DE VERDAD, PERO LA ESPADA LE DEBIÓ CERRAR LA PUERTA GRANDE

Viernes de feria con todo lo que eso conlleva. Ya sabemos lo que hay: público festivo, con ganas de empezar el fin de semana y con poquita exigencia. La capital convertida en un pueblo. Ya da igual cómo y dónde entre la espada, solo que entre. Ángel Téllez es un torero afortunado: en la Copa Chenel repitió cuando se suponía que no podían repetir participantes de la primera edición y, en Madrid, sus naturales de nota ante un toro de Araúz le han servido para coger la sustitución de Emilio de Justo y entrar así en un cartel de campanillas. Y no solo entrar, sino triunfar. Los lotes que le deberían haber tocado a Emilio funcionan casi todos. ¡Qué mala suerte la del extremeño! Y qué buena la de Téllez, ya que él solo se cerró con la espada la Puerta Grande que se había ganado abrir, pero el festivo público y el presidente se encargaron de abrírsela.

Ángel Téllez vino a Madrid dispuesto a comerse el mundo. Y se lo comió. No perdonó ni un quite: chicuelinas, delantales, gaoneras…
Empezó la faena de su primero con una serie cumbre por la derecha, encajado de riñones. Ese era el pitón bueno del toro, pero Ángel, que ya sabe como ruge Madrid con el toreo al natural (no solo en el toro de Araúz, también con un novillo de Los Maños en su día), no quiso pasar la oportunidad de coger la izquierda. Se agradece el gesto, pero el toro pedía claramente el pitón derecho.
Brillaron con luz propia sus pases de pecho a la hombrera contraria, como los habría realizado el torero al que sustituía. Y, precisamente, en uno de pecho enfrontilado a punto estuvo de ser corneado. No lo fue porque al toro le faltaba casta y todo se quedó en la voltereta y el Victoriano sin hacer nada (afortunadamente) cuando le tenía a su merced.
En el final por bajo volvió a caldear el ambiente antes de dar un natural de frente muy lento a modo de epilogó.
Mató de un bajonazo e, incomprensiblemente, aflojó la petición (pero no mayoritaria) y el presidente regaló la oreja.

El vareado sexto fue el mejor del encierro de Victoriano del Río (este con el hierro de Cortés), cuyo paso por San Isidro ha sido (cuanto menos) bastante discreto.
Téllez brindó al respetable y volvió a correr la mano con la derecha con facilidad. Bien ligada la serie y, de nuevo, encajada y rematando detrás de la cadera. Desmayado.
Al natural la faena tuvo sus altibajos, porque en ocasiones el toro hacía algo de hilo, pero hubo algunos de gran mérito.
Lo mejor de su obra fue un cambio de mano por delante eterno.
Pinchó y tras una estocada atravesada tuvo que recurrir al descabello. Se le concedió la oreja… si total, ¿qué más da?

El cuarto fue un animal terciado para Madrid al que Diego toreó acompañando con el cuerpo y su mano izquierda. Faena torera venida muy a menos, pero en la que hubo derechazos naturales, artísticos y llenos de sentimiento.
Sin embargo, con el distraído abreplaza no se vio un buen Urdiales. Más bien se le vio desconfiado, con muchas preocupaciones.
Desde luego, no ha sido la feria de los artistas, que han vivido de lujo en estos años de pandemia en los que se han juntado dos factores:
1- El toro de plazas de segunda y tercera no es el mismo que el de Madrid. Ha salido el toro de Madrid y a los artistas les ha vuelto el miedo.
2- Quienes hemos ido a corridas fuera de feria, ya sea en Madrid o en otros pueblos, hemos sido, en general, aficionados, no público ocasional, que quizás tenga otros gustos distintos.

Talavante por su parte era el gran reclamo del cartel, pero sigue sin ser el mismo que el de antes de su retirada. En el quinto no le quedó otra que quedar tirar por la calle de enmedio con un inválido. El castaño de Victoriano del Río fue protestado de salida por su anovillada presencia, lavadito de cara. Apretó en el capote del extremeño y humilló mucho por el derecho. Derribó al caballo, pero en realidad estaba muy justo de fuerzas. A Talavante no le valió para nada.

Con el segundo de la tarde empezó su faena muleteril por bajo, rodilla en tierra para sacarse el toro a los medios. Dibujó algún buen natural suelto, pero la faena se vino abajo por la condición del toro y porque Talavante sigue buscándose a sí mismo.

Plaza de toros de Las Ventas (lleno de «No hay billetes»): toros de Victoriano del Río, desiguales de presentación y de juego. Destacó el lote de Ángel Téllez.
Diego Urdiales (de verde botella y azabache): silencio en su lote.
Alejandro Talavante (de gris perla y oro): silencio en ambos.
Ángel Téllez (de blanco y plata, que sustituía a Emilio de Justo): oreja y oreja tras aviso.

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