AGUSTÍN MONTES FUE EL VERDADERO TRIUNFADOR

«Enhorabuena ganadero» se escuchó durante la lidia del sexto de la tarde y no fue para menos. ¡Qué toro tan bueno de Montealto! Agustín Montes saludó desde la última fila del tendido y el resto de la plaza le ovacionó, ya no solo por este toro, si no por el conjunto de los tres, que claramente mejoraron una tarde que iba a la deriva.


El sexto, de nombre «Gastadito», fue el mejor de la corrida. Serio, aunque algo bizco. Lo recibió a la verónica Francisco de Manuel y el de Montealto repetía con celo.
Después quitó el torero por chicuelinas de mano baja abrochadas con la media. No lo puso fácil el toro en el tercio de banderillas, pero Juan Carlos Rey se la jugó en sendos pares, saludando una gran ovación. El toro le hizo hilo por su bravura.
Francisco de Manuel comenzó su faena de rodillas, realizando un cambiado por la espalda (al más puro estilo Roca Rey) y también un derechazo mirando al tendido (aquí más «en Talavante»).
El animal iba al cite con prontitud y yéndose largo, ideal para bordar el toreo, pero Francisco estuvo algo acelerado. Sin estar mal, pero no lo cuajó como el toro se merecía. Al natural combinó algunos largos y más enroscados, con otros, que también fueron largos, pero hacia fuera.
Cuando se escuchó el grito antes comentado y la ovación a Montes, De Manuel pensó que tal vez el público se podía poner de parte del toro, y en un arrebato torero se volvió a echar de rodillas, pero fue sorprendido por el burel y tuvo que desistir en su intento. Ganas no le faltaron al torero.
Se atascó con los aceros y sufrió un nuevo susto al descabellar en el enésimo intento, sufriendo, por suerte, solo un varetazo.
La oreja fue generosísima. El pañuelo que debió haber asomado fue el azul.

Otro toro destacado de Montealto fue el cuarto, un tacazo de toro. Salió con muchos pies y quería todo por abajo. Aunque su pelea en varas fue muy discreta (también es cierto que lo pusieron ya debajo del peto), humillaba una barbaridad y rebosaba bravura. Mas se lo dejó todo al principio y se desfondó muy rápido. Una pena, pues tenía unas condiciones extraordinarias. También hay que anotar que Ángel Sánchez empezó por abajo. Cuando el toro humillaba tanto, quizás no fue el inicio más acertado. A destacar el quite por escobinas, poco visto actualmente.

El quinto de Montealto no llegó al nivel de sus hermanos, pero también dio sus opciones. De nuevo, fue un toro de plaza de primera en ese ruedo tan pequeñito.
Amor Rodríguez lo recibió bien a la verónica, pero se le quedó debajo en la media.
Inicio de faena por bajo torerísimo, rematado con un buen cambio de mano.
La faena se basó en la mano derecha, pero no logró mantener el nivel de ese prólogo. Cuando se decidió a echarse la muleta a la izquierda, ya era demasiado tarde.
La oreja fue autobusera.


Previamente, había tenido que lidiar un sobrero de Gómez de Morales tras descoordinarse el de Cebada. El sobrero estaba muy en el tipo de su procedencia del Vellosino, o lo que es lo mismo, la antítesis de un toro de lidia. Acarnerado, con pocos pitones y sin hechuras. Solo con morrillo. Un toro feo.

No transmitió apenas nada el animal y tampoco demasiado.
A Amor, a pesar de querer hacer el toreo clásico, se le ve algo rígido, sobre todo en sus piernas, que son como una tabla, lo cual es algo bueno mientras se da el pase, pero no tanto el resto del tiempo.

Ángel Sánchez nunca cruzó la línea con el primero, algo por otra parte entendible dadas las dificultades del Cebada. ¡Como para confiarse! Ya desde el capote cantó su tendencia a acostarse, algo que fue a más durante la faena, por lo que Ángel optó por pasárselo lejos, tirando del pico y siempre hacia fuera.
La palabra que mejor resume la tarde de Cebada Gago es genio. Lo tuvo el primero y lo tuvo el tercero, que echó siempre la cara arriba tirando gañafones a diestro y siniestro, tanto en el capote como en la muleta. Francisco de Manuel hizo lo que pudo con él.

Plaza de toros de Valdilecha (más de un tercio de plaza): toros de Cebada Gago, bien presentados y con genio, un sobrero de Gómez de Morales, acarnerado y sin transmisión y Montealto, muy serios y de gran juego, en especial el extraordinario sexto.

Ángel Sánchez (de Chenel y oro): palmas y vuelta al ruedo.
Amor Rodríguez (de grana y oro): ovación y oreja.
Francisco de Manuel (de grana y oro): silencio y oreja.

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