IMPORTANTES ROMÁN Y ROCA. SANGRE PARA ESCRIBANO

La tarde que más expectación había levantado en el abono de San Isidro era la de hoy. Era el choque que deparó el bombo entre Adolfo y Roca Rey, o lo que es lo mismo, el torero de moda por primera vez midiéndose con una ganadería de las consideras «duras».

El peruano se encontró con un Adolfo «encastadito» en tercer lugar que no tuvo más virtudes. Imposible para Roca.
No pasa nada. Lo bueno llegaría en el sexto.
Ahí le salió un Adolfo que embistió «a la mexicana», despacito, sin el peligro del resto de la corrida. No obstante, en un principio, el toro no embistió tan templado, pero Roca le supo reducir esa embestida y ese fondo de nobleza lo llevaba dentro el toro. Roca Rey le sacó todo, hasta el punto de que se pasó de faena.
Las series con la derecha fueron ligadas, muy poderosas, rematadas con buenos pases de pecho. Uno mirando al tendido fue de alta nota.
Con la izquierda estuvo más perfilero, escondiendo algo la pierna de salida, pero ese poderío hace embestir a la mayoría de los toros y los «adolfos» no iban a ser la excepción.
Personalmente, yo tenía claro que si se ponía a torear, podía cuajar una gran obra, porque ese toreo sometiendo por bajo le va muy bien a los toros de este encaste. Se vió en su día con Perera y, en el lado opuesto, con Talavante, que tiene un concepto más artista que no le va bien a estos toros. Estos exigen mando.
El toro no se lo puso fácil a la hora de matar por pasarse de faena. Estos tienen los muletazos que tienen y, después, se orientan. Para otra vez ya lo sabrá Roca. ¡Ojalá haya esa próxima vez!
Tampoco se lo puso fácil el público, incapaz de guardar silencio ni siquiera en el momento de la suerte suprema.
Pinchó Roca y, por eso, no cortó la oreja, que habría sido de mucho peso. Quién sabe si no le habrían dado las dos, tal y como va la feria.

Román recibió un puntazo del segundo que le hizo pasar por la enfermería tras dar muerte a este toro, en el que poco más pasó.
Salió para matar al cuarto tras la cornada a Escribano y torear muy templado al segundo de su lote.
Con mucha suavidad citó en todo momento, con el compás abierto, en una faena importante de un Román que, sin un triunfo rotundo, ha reivindicado su sitio en esta feria.
Cortó una oreja de este.

Manuel Escribano fue todo voluntad, como acostumbra. Más problemas tiene ya a la hora de hacer el toreo puro.
Recibió al primero a «portagayola». «Aviador» se llamaba, nombre típico en esta casa. No hizo honor a su nombre. Fue un toro soso, que no transmitió nada.
Sí que transmitió, y mucho, el imponente cuarto de la tarde. De nombre «Español», negro entrepelado, o cárdeno muy oscuro, pero en ningún caso cárdeno (sin más) como marcaba el programa. Ya me había impresionado este toro por la mañana, en el apartado, y no me defraudó por la tarde. Si bien es cierto que en el caballo no metió los riñones como se le exige a un toro bravo de verdad, sí que sacó su casta en la faena de muleta. Esa casta no la pudo gobernar en ningún momento Manuel Escribano. Desde el tendido le gritaron que le estaba yendo un «toro de bandera», quizá algo exagerado, pero sí es cierto que hubo más toro que torero. Se lo comió, le avisó varias veces, colándose, y no perdonó al final. Corneó a Manuel en la cara interna del muslo. De nuevo un Adolfo le propina una cornada grave. 25 centímetros nada menos.
¡Pronta recuperación, torero!
Le dió muerte Román al salir de la enfermería.

La corrida de Adolfo no defraudó. Aunque la primera mitad no dió opciones, los tres últimos sí que fueron, cuanto menos, interesantes.

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